Camino a la gloria: La historia de Sergio Flores (Parte 1)
Por azares de la vida y el destino, tuve la oportunidad de visitar Huamantla (Tlaxcala) para presentar mi libro “Soñadores de Gloria. Historia de la Formación Taurina en Aguascalientes”. En este evento, tuve la fortuna de estar acompañada por tres matadores tlaxcaltecas: Sergio Flores, José María Macías y José Alberto Ortega. He de confesar que no conocía personalmente a ninguno de ellos hasta ese día. En un evento previo, tuvimos la oportunidad de convivir y platicar.
Sergio Flores - de quien hablaremos en cuatro escritos- me dedicó un poco de su tiempo para compartir con ustedes su historia como torero: sus inicios, retos y satisfacciones que solamente el toro y la vida le han dado.
Sergio Israel Flores García nació el 17 de abril de 1991, originario de Tlaxcala, Tlaxcala, y posteriormente se trasladó a vivir en Apizaco. Este joven, sin un acercamiento o familia taurina, asistió por primera vez a una corrida de toros a los 6 años en la plaza Jorge “El Ranchero” Aguilar, donde vio torear al maestro Rafael Ortega.
Ese día, cuando terminó la corrida, Sergio estaba decidido a ser torero, pero más allá de que lo cautivara el festejo, fue el traje de luces lo que más le impactó, y nos menciona:
“Yo estoy convencido de que me atraía mucho el traje de luces, lo que un hombre, lo que un ser humano podía llegar a hacer delante de la cara del toro. Eso fue lo que realmente me causaba ilusión: poder llegar a hacerlo algún día”.
Así, siendo tan solo un niño, ya había sellado su destino. Su padre, el señor Sergio Flores González (QEPD), fue testigo de la afición y pasión que en el matador Sergio Flores fue creciendo. Durante cuatro años, lo llevó a los diferentes festejos taurinos; cuando el matador contaba con apenas 8 años, estuvo delante de una becerra por primera vez sin tener conocimiento alguno. Él recuerda con claridad ese momento:
“Fue una capea, una fiesta de fin de año del trabajo de mi padre, y fue algo bonito. Me acuerdo perfecto (...) echaron una becerra y tuve la gran fortuna de poderle pegar dos o tres muletazos. La verdad, sentí algo increíble y todavía sigo recordando ese evento”.
Su padre, al ver ese interés y afición que surgía en su hijo, lo llevó a algunas clases con Mariano Ortega “El Tlaxcalita”, quien fue un gran personaje taurino y que estuvo en las andanzas con Rodolfo Rodríguez “El Pana”. Él le enseñó por primera vez a agarrar un capote y una muleta. A pesar de que no tomó muchas clases con el maestro, su padre le habló de la escuela taurina que había en la plaza de toros de Apizaco, dirigida por el banderillero en retiro Jesús Villanueva. A los 10 años, comenzó su travesía para ser torero y empezó a tener una formación más constante. Nos comenta el matador:
“Tal fue mi interés que, durante este tiempo de querer ir a los toros, mi padre, un mes antes de cumplir los 10 años, me dijo que, si quería hacerlo, que lo tenía que hacer súper bien, como todo lo que nos dicen los padres: primero la escuela, después el hobby o las cosas extraescolares, en este caso era lo taurino”.
Los inicios del matador en esta escuela los recuerda con añoranza, cariño y gratitud hacia su maestro Jesús Villanueva, quien fue parte fundamental en sus inicios como torero, viéndolo evolucionar en su técnica y en su persona. La lección más importante que tiene siempre presente es el valor del respeto, algo que, en la opinión del matador, es fundamental dentro y fuera del toro. Durante cinco años, Sergio Flores estuvo bajo la instrucción de Villanueva, hasta que se le presentó una gran oportunidad:
“(...) llegó un momento donde él mismo [Jesús Villanueva] me lo dijo: "Tienes que emigrar, ir hacia otros lugares" (...) Posteriormente salí a Querétaro, a los 15 años, y entré a la escuela de Tauromagia Mexicana, donde mi maestro fue Juan Cubero, un banderillero en retiro, banderillero del maestro José Miguel Arroyo “Joselito” y hermano de José Cubero “Yiyo”.
Esta gran oportunidad de estar en la escuela de Tauromagia Mexicana, que contaba con la dirección no solamente del banderillero Juan Cubero, fue un proyecto que nació del aficionado y abogado Julio Esponda y de Enrique Martín Arranz en el año 2003. Sergio Flores ingresó siendo un adolescente de 15 años. Este momento en su vida fue difícil, pues era la primera vez que tuvo que enfrentarse a lo que había más allá de lo que él conocía, y sin duda es algo que recuerda de forma dolorosa:
“Recuerdo que una de las cosas más duras que yo tuve que vivir fue el separarme de mi familia, (...) Yo no había salido más allá de la Ciudad de México, no había salido de mi estado, no sabía lo que era viajar solo, sin mi familia y sin dinero. (...) fue algo duro, muy duro. Yo creo que fueron de las cosas que sí me costaron muchísimo".
Más allá de este desprendimiento familiar, en Tauromagia probó lo que realmente es la dureza del toreo, pues esta escuela los hizo “de acero” al punto de llevarlos al límite en lo físico y mental. Esto les ayudó a sobreponerse a cualquier adversidad, lo cual agradece hasta la actualidad y lo ha forjado no solo como torero sino como hombre. El entrenamiento físico y técnico que recibió fue fundamental en su formación, pues para ser torero se debe conocer de todo, y nos comenta cómo fueron esos cambios que experimentó:
“Fue tan drástico el cambio, porque ahora sí estoy siendo torero de verdad. Era una formación casi militar, o sea, de verdad, de levantarnos temprano, de tener cosas limpias, (...) en tu persona y en lo taurino: capotes, muletas, te enseñaban. Era una escuela realmente, tenías que coser tus muletas si te las rompían, tenías que bolear tus zapatos perfectamente, tus botas para tentar, planchar correctamente tus cosas. Fue una escuela que, desde estos pequeños grandes detalles, te van formando. (...) Yo creo que el maestro Juan Cubero era una persona que nos llevaba al límite física y mentalmente. Nos tocaba el físico al máximo, no podíamos desistir”.
A pesar de la dureza de su formación taurina, el matador agradece esa transformación en su físico y en su mentalidad, mismas que lo caracterizan dentro y fuera del ruedo por el temple y serenidad que mantiene ante diferentes circunstancias. Sergio Flores, que inició su andar por el mundo taurino como un juego, ve cristalizar su sueño de la mano de Tauromagia Mexicana, quien lo ayuda a debutar como novillero en forma en su tierra en la Plaza de Toros Jorge “El Ranchero” Aguilar el 3 de febrero del 2005, y en ese año estuvo en doce festejos novilleriles, de las cuales seis fueron en Juriquilla.
Sergio Flores quien tenía alrededor de 17 años emprendió su viaje a España en dónde inició nuevamente su andar taurino y el mismo matador nos comenta:
“(...) empiezo todo desde cero, empiezo a debutar sin caballos y curiosamente, aunque yo vivía en España, todo lo hice en Francia. Debuté sin caballos en Francia en el 2008, toreé alrededor de 19 novilladas y luego, al año siguiente, ya debuté como novillero con caballos. Ya desde novillero sin caballos, ya me habían dado mucho los toros, muchas cornadas, un tema complicado ahí con las lesiones”.
Si bien sus inicios fueron fructuosos, ese año entre estar entrenando y toreando, mostrando esas ganas de ser torero, lo llevaron hasta Europa, donde desarrolló y mostró esa habilidad técnica que le hizo ver su suerte, pues los toros dan las grandes lecciones de vida. Mismas de las que hablaremos en el siguiente escrito, donde descubriremos la travesía que enfrentó en Europa.





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